ORDENAR EL CAOS

 

“A lo largo de los años noventa del pasado siglo, dí en recorrer caminos plásticos más ordenados que los de la década anterior;  trataba de ¨Reorganizar el caos¨, expresión con la que Javier Rubio Nomblot calificaba  algunas obras del período. Lo hice retomando  temas del aprendizaje artístico habitual y dejando de lado la pintura nada representativa anterior. Conservé, no obstante, la manera de hacer de antes, dinámica y algo dramática que fue serenándose al final del nuevo período. También mantuve el uso de los colores primarios, la fragmentación del soporte en dípticos y polípticos y  el uso de plantillas de letras y números que titulaban las pinturas al tiempo que facilitaban su coherencia plástica. El tamaño de los cuadros disminuyó.
Los géneros tradicionales se recuperaban de un modo bien diferente del que tuvieron mis primeras pinturas. Realicé, durante unos años,  series como: ¨Nuevos paisajes de sierra¨, ¨Cosas sobre una mesa¨ y ¨Cabezas y torsos¨”.

J. Terreros “Las fases de la obra" (fragmento)

“….Porque si bien estamos ante un artista que fija su mirada en la realidad y se identifica con la naturaleza, pronto tenemos que afirmar que, como fruto de la reflexión, toda su obra hay que contextualizarla en un territorio neta y específicamente mental. Observando detenidamente estas obras, pronto nos damos cuenta que, en cada una de ellas, aparece un esquema constructivo que disecciona y distribuye por partes el espacio. La introducción de una geometría irregular viene siempre construida por la pasta pictórica y acentuada por el color...Juan Terreros somete la realidad hasta instalarla en ese espacio que hemos reconocido como mental.”

Manuel Romero

“Juan Terreros pinta, modela y graba uniendo volúmenes antagónicos y autónomos en un engarce poético inquietante. Es evidente que conoce, como buen peregrino, todas las revoluciones estéticas de este siglo XX, pero hace una pintura propia y personal donde el sincretismo de la modernidad se desvela y oculta en unas formas donde falta voluntariamente un centro, un eje ordenado de la visión. El ojo está obligado a posarse de un punto a otro de la obra. Desecha todos los esquemas, los prejuicios y las inclinaciones del gusto. El resultados son unos cuadros muchas veces atomizados o unos dípticos cuyas partes están, no pocas veces, en declarada contradicción. Cuando representa paisajes, cabezas y objetos, tiene el valor de eliminar todos los trámites entre sí mismo y lo representado; plasma su percepción. Su pintura no rinde culto al objeto que tiene enfrente sino a lo que interpreta su rutina...El cuadro no representa; es... Como si el pintor no mirase las cosas que tiene ante sí, sino que mirase dentro de sí para estudiarse en el acto de mirar  las cosas”

Aurelio Torrente